martes, 14 de febrero de 2017

¿Por qué la crisis de la telenovela mexicana? (IV): Producción

(Foto: Stefan Ruiz)

¿POR QUÉ LA CRISIS DE LA TELENOVELA MEXICANA?

Parte 4

Daniel Lares Muñoz


LA PRODUCCIÓN Y LA FÓRMULA MÉXICANA

El presupuesto y lo visible de lo invisible
Puede ser un asunto de prudencia corporativa o un factor cultural, lo cierto es que a diferencia de la industria estadounidense donde el Variety o el Entertainment Weekly reportan comúnmente los presupuestos de las producciones en cine o televisión, en México (y América Latina) resulta un secreto de Estado poder saber el presupuesto global de una telenovela. Incluso la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine) publica en su website el Box Office semanal de la taquilla mexicana.

Independientemente de rumores sobre los manejos de los presupuestos en la televisión (finalmente es una industria de carácter privado), ilustraré el apartado desde una anécdota ejemplar contada a éste autor por uno de los involucrados.

En un buen día de uno de los años del primer lustro del siglo presente, un escritor fue a visitar a uno de los entonces altos ejecutivos de Azteca Novelas para proponerle invertir en la producción del guión de una película de su autoría. — ¿Cuánto cuesta?—, preguntó aquél ejecutivo. Al explicarle el complejo retorno de inversión del cine nacional y mencionarle la cifra, el escritor, que ya había colaborado en una de las telenovelas de la empresa, provocó en el ejecutivo una sonora risotada para luego acomodarse en su amplio sillón y exhalar, — ¿Sabes cuánto me cuesta un capítulo de “La hija del Jardinero”? (entonces al aire con relativo éxito)… Treinta mil dólares. ¿Y sabes cuánto meto diario de publicidad? Trescientos mil—. La empresa nunca invirtió en la película.

Es sabido que una vez montada la infraestructura, la utilidad del negocio de la telenovela es alta. No pretendo cuestionar ociosamente aquello. Lo que sí, exponer que si se quiere remontar la crisis actual, una de las reestructuraciones tiene que pasar por los presupuestos de las telenovelas.


¿Lo que se invierte en ellas está al aire en valores de producción? 

¿Resultó abaratar al máximo? Si no es así, las empresas tendrán que hacer los ajustes internos que convengan. De lo contrario, replantearse mejorar la inversión.

Aunque es realmente injusta la comparación por factores principalmente de contexto y formato, hoy la audiencia compara “Mujeres de negro” con “Game of Thrones”. Una es telenovela para TV abierta; la otra, serie semanal para canal premium. Las diferencias de presupuestos son abismales. A una se le exige grabar capítulo por día; la otra lo hace en semana y media.

México vs Brasil: dos gigantes de la región
Una telenovela brasileña en promedio invierte 150 mil dólares por capítulo frente a las dos terceras partes que, se dice, destinan las mexicanas [1]. Los valores de producción de las primeras son muy diferentes de las segundas. Se notan. Producciones como “Avenida Brasil” (Globo, 2012) pueden ostentar unos 500 mil USD [2]; mientras que “Moisés y los Diez Mandamientos” (Record, 2015), 250 mil [3]. Como parámetro, trascendió que “Gritos de muerte y libertad” (Televisa, 2010), la ambiciosa serie (no telenovela) conmemorativa del Bicentenario de la Independencia habría costado 135 mil dólares el episodio de media hora [4]. 


Regla dorada: la inversión depende del pastel publicitario de cada país.



“Perder” para ganar, una hipótesis
Asumiendo como cierto lo aseverado off the record por el citado ejecutivo y omitiendo la variación del tipo de cambio con respecto a la actual: ¿Qué pasaría si la televisora (hoy con nueva directiva) invirtiera un modesto 10 por ciento de esos 300 mil dólares de utilidad en la producción del episodio? Significaría contar con el doble de presupuesto, 60 mil. Aún añadiéndole unos 10 mil dólares por gastos de promoción y transmisión, ello implicaría la suma de 70 mil dólares de presupuesto por episodio; lo que aún arrojaría 230 mil dólares de utilidad.

Bien invertidos y de la mano de una estrategia sostenida, les redituaría en mayores ingresos. No olvidemos que una producción atractiva logra ingresos adicionales por exportación, merchadising y (ahora) por distribución a nuevas plataformas. Además del valor heredado a canales propios de TV de paga como, en este caso, AZ Corazón. Sin contar que su impacto trasciende a toda la parrilla programática de un canal. Es un gran negocio.

Lecciones: ¿maximizar utilidad a costa de la calidad?
Precisamente aquella época en TV Azteca, puede servir de referente ideal para “escarmentar en cabeza ajena”. Maximizar la utilidad de hoy a costa incluso de la calidad de producción, terminó por ahuyentar a la audiencia con telenovelas que no lograban superar un dígito en los ratings, llevando a la compañía a reportar pérdidas superiores a 800 millones de pesos tan sólo en el tercer trimestre de 2015, atribuyendo la causa a “costos de producción” [5]. Les salió más caro.

Tras asumir la dirección general de la televisora, Benjamín Salinas Sada ha prometido una nueva época con “el mayor presupuesto de la historia (de la empresa) en producción”. La reciente alianza Televisa-Univisión (enero 2017) al fusionar recursos y cambiar a su directorio principal en entretenimiento, parecen apuntar en atender lo expuesto en este apartado.

("Las Bravo" [2014]: abaratar sobre la calidad)


MODELO DE PRODUCCIÓN

Desconocer la historia para repetirla
En octubre de 2007, el periódico El Centro [6] publicó una entrevista que si se le despeja de la hierba distractora para el cotilleo palaciego nos revela lo que nos interesa: señales del punto de inflexión en la producción de Televisa, faro principal para la industria en México y Latinoamérica, guste o no.

El entrevistado se trata de Víctor Hugo O’Farrill, quien fuera vicepresidente de producción de Televisa San Ángel en su período de mayor apogeo. Descendiente de fundadores de la televisión en el país, la obra de Fernández-Paxman [7] señala a O’Farrill Ávila como uno de los artífices de un modelo de producción de telenovelas emulado en todo el mundo.

“Estábamos en el tope de la montaña, y estábamos empezando a hacer una mejor televisión. Definitivamente la TV de mayor capacidad de producción en el mundo era Televisa (…) Y esto de hacer telenovelas es una especialidad distinta, como de sensibilidad y hay que desarrollarla. A nosotros, la primera etapa de desarrollo de cambio de la televisión, nos tomó cinco años, que fueron progresistas. Cada vez era mejor. Estuve 27 años, y apenas iba en el 50 por ciento de la primera etapa; con Lucy Orozco hicimos un cambio radical en la producción. Sin tener que comprar nada más, sin necesidad de dinero, pude producir 40 por ciento más. Esa era la tendencia y era maravilloso y era un paso para llevar todo el sistema de producción de novelas a ese lugar”.

Tras su salida de Televisa, el entrevistado fundaría la primera productora outsider (después de Telerey y entonces impensable) de telenovelas en México, O’Farrill y Asociados, que logró producir sólo un par de títulos, entre ellos la memorable pero irregular “El Peñón del Amaranto” (1993) para la naciente TV Azteca. Quizá no tuvo el éxito esperado en su iniciativa; sin embargo, abriría indirectamente la brecha para que un grupo como el de Epigmenio Ibarra, Carlos Payán y Hernán Vera fundaran poco después la productora Argos y tuviera éxito en el mismo cometido.


Hum en la señal
Desde hace veinte cinco años ya se podía vislumbrar que el rígido modelo monolítico de producción vertical que adoptara Telesistema Mexicano para heredarlo a Televisa (que sin duda en su momento funcionó) presentaba serias fisuras. Se estancó. Aun ante evidencias como éstas, TV Azteca se inclinó no sólo por hacerle copia calca sino por abaratarlo. Se vetó a la innovación.

A ello hay que agregar la aparición de nuevos jugadores en la región como Colombia durante los 90’s y, luego de varios intentos, Telemundo tras la incursión decidida de NBC-Universal al mercado hispano. Y, por supuesto, la accesibilidad tecnológica y el surgimiento de nuevas plataformas que requirieron de facturas alternativas en la producción.

No infiero que una empresa como Televisa dejará de producir su contenido original en infraestructura propia. Expongo que el modelo de su creación tendrá que deshacerse del fundamentalismo para regenerarse, flexibilizarse y admitir la producción independiente tanto como las alianzas dentro y fuera de México, que en la última década ha efectuado. Alianzas que deberá llevar a más si busca tener éxito contundente frente a un gigante mayor como Netflix.



El estilo Pimstein, un manual congelado
Dos son las figuras que se consolidaron en el auge de la telenovela mexicana en el siglo XX: Ernesto Alonso y Valentín Pimstein.

El primero apostaba por historias con ambientes de mayor sofisticación buscando, más que arte, un espectáculo visual. El segundo impuso una producción y narrativa básica pero efectiva aderezada de un estilo “rosa” y lacrimógeno que se colmó de absurdos con el tiempo; este último fue el más rentable en términos económicos y también el más costoso en el largo plazo. Veamos por qué.


Uno de los Memes más populares de las telenovelas en redes sociales, corresponde a una escena extraída de una producción de hace más de veinte años, “María la del Barrio” (1996). Para algunos es detonante de socarronería, acaso una curiosidad del pasado; mientras que con el paso del tiempo para el inconsciente colectivo, la semiótica de lo manifiesto ahí (actuación, puesta en escena y producción) es la evidencia simbólica de lo peor del género.

Hoy podemos aprender que el estilo impuesto por Pimstein debió tomarse como uno de los estilos y no EL estilo. Uno que debía evolucionar y pasar página pero contrariamente se asumió como la vía para el rating infalible convirtiéndolo en un lenguaje inalienable que obstaculizó la evolución y fomentó la involución creativa.

Me quedo con el Pimstein genio para liderar orquesta, el experimentador de incuestionable agudeza para el timming y sensible a retroalimentarse de su audiencia. No con el regateador de los recursos de producción y del trabajo actoral y del obsesionado con grabar pegado al aire para obedecer la volubilidad del rating, lo que en el contexto de hoy reduce la vigencia de una telenovela.


Esto a la larga, fue reciclado por sus vástagos de profesión generando un grave daño a la imagen y credibilidad de la telenovela mexicana. Aclaremos algo, Pimstein podía hacerlo en un contexto en que el público tenía muy limitadas (o ninguna) referencias al alcance, en una televisión de plataforma híper hegemónica que podía imponer una sobreactuación o a un mal actor y que por sus características técnicas atenuaba detalles de una producción cutre.

Con los requerimientos del Alta Definición (HD) y del 4K (UHD) que demandan cuidado cinematográfico en el detalle, eso no aplica de ningún modo. El mayor tamaño y definición de una pantalla actual y el fácil rewind de los decodificadores de TV o reproductores de internet, despiertan a un público muy demandante.

No desestimo que todavía pueda existir un público para este estilo de telenovela pero, como lo demuestran los ratings de los últimos años, representará cada vez una audiencia de nicho, un target más, radicalmente diferente a como era antes: a la audiencia masiva que a Pimstein le tocó atender. Otro paradigma roto.


 Recursos de producción: un Batman de telenovela
Imaginemos por un momento que el estilo impuesto por el “Batman” (ABC,1966-1968) de aquella exitosa y entrañable serie estadounidense creada por William Dozier con la estética de historieta (como la telenovela), dirigido a una audiencia infantil y de estilo fársico de comedia del absurdo, hubiera persistido en todas las entregas posteriores de la franquicia en animación, serie y cine hasta la actualidad.

¿Se imagina el lector a Michael Keaton (de la gran entrega de Tim Burton), a Val Kilmer o a George Clooney (de la fallida saga de Joel Schumacher) o al Christian Bale de la última trilogía con el mismo tono de actuación básica, tratamiento dramatúrgico y de producción heredados de aquella serie?

¿Se imaginan a estos actores enfundados en mallas como las de Adam West con aquellas coloridas escenografías pero en 4K o en una pantalla IMAX? Seguro provocarían más escarnio que el Meme de Soraya Montenegro a las telenovelas.

Inimaginable que la industria de Hollywood se hubieran empeñado en negarle la evolución. Jamás hubiera surgido la estupenda saga de Christopher Nolan (2005-2014), con sello de autor para un producto mainstream que aunque de manera póstuma, le hizo ganar un Oscar a uno de sus antagónicos (Heath Ledger).

Este es el drama de la telenovela mexicana al persistir con el estilo Pimstein en Televisa y el de “lo mismo pero más barato” en la TV Azteca anterior al 2015.



El Alta Definición y la híper-realidad
La antes referida serie fue producida en 35mm (cine) y por ello pudo prolongar su vigencia con restauraciones de por medio que no disminuyeron su calidad de imagen; la telenovela anterior al HD no le fue posible hacerlo por contexto de su modelo de producción. Un modelo que fue sensato y visionario en su momento al apostar por el video y que definió al género en todo el mundo.

Es sorprendente advertir cómo la gran mayoría de las producciones actuales no han comprendido que el HD no sólo obligó a una revolución técnica sino también narrativa. El híper-realismo inherente al Alta Definición (no digamos al 4K) hace corto circuito con el tono exaltado y primitivo persistente en la telenovela.

Más claro, el fenómeno no sólo sobre-expone lo evidente: una ambientación burda, vestuario cutre o iluminación plana (como la empleada para la norma NTSC de la TV en SD) sino también a un actor y un relato naif sin fondo real que ofrecer.

La accesibilidad tecnológica no sólo benefició a nuevos jugadores, también a la televisión tradicional pero a su vez impuso paradojas a la telenovela. Tecnológicamente ya está la par: “Sueño de Amor” fue producida en el 4K de “Scandal”. Al margen de costos, ¿por qué las audiencias no las reciben igual?



La TV mexicana no atiende con el mismo entusiasmo la forma que al fondo.


CONCLUSIÓN CUARTA PARTE: EL ESPEJO DE LA PROPIA HISTORIA

Recordemos lo que le sucedió a nuestra industria fílmica con el cine bucólico de charros, de la generación del rock & roll, de las rumberas y, particularmente, con el cine de ficheras. No olvidemos que esta última fórmula detonó a partir de una película, “Bellas de noche” (Miguel M. Delgado, 1974) en plena crisis del cine.

Aunque es cierto que la debacle se debió a una coyuntura, es por todos conocido que al final ha costado mucho más (todavía hasta hoy) volver a levantar toda la industria cinematográfica, que las utilidades ganadas en lo inmediato por algunos productores con cada uno de aquellos títulos. Los desnudos, el lenguaje procaz, la ínfima calidad de las historias, guiones y de la producción no sólo contribuyeron a alejar al público de las salas sino, peor aún, crearon una percepción lastimosa de la industria y aniquilaron su mercado internacional.


¿Suena familiar, industria de la telenovela?

Ganó el modelo estadounidense de producción horizontal más proclive a la colaboración, lo que sincroniza con la dinámica globalizadora y que permite la re oxigenación de una industria creativa. En cambio, México impuso un formato (la telenovela) y creó un mercado que para Estados Unidos en principio fue inimaginable. Para profundizar en esto, sugiero el trabajo de Frèderic Martel [8].

Ante este escenario, la industria mexicana debe replantearse su tradicional modelo de producción imperante en su macro y microcosmos. Qué sirve (lo hay) y debe evolucionar y qué es lo que no aplica más. Y ser consciente que forma es fondo y que el fondo define la forma.


En la próxima entrega: el talento artístico, la pieza central de la producción.

REFERENCIAS:
6.     Sánchez,  Víctor Hugo, Diario El Centro, Editorial Notmusa, 2 y 3 de octubre de 2007.
7.     Fernández, Claudia y Paxman, Andrew, El Tigre Azcárraga y su imperio Televisa, Grijalbo, México, 2000.
8.     Martel, Frèderic, Cultura mainstream: cómo nacen los fenómenos de masas, Punto de Lectura, 2014.

martes, 7 de febrero de 2017

¿Por qué la crisis de la telenovela mexicana? (III): Dramaturgia



¿POR QUÉ LA CRISIS DE LA TELENOVELA MEXICANA?

Parte 3

Daniel Lares Muñoz

"Escritores: sabemos que son la columna vertebral de esta industria y los amamos por eso [00:15]"
Charlize Theron al presentar al Mejor Guión Original 
del 88th Academy Awards (Oscars, 2016)



DRAMATURGIA (O LA CRISIS CREATIVA)

“La historia es la estrella”
Esta sentencia debería estar inscrita en letras doradas en los sitios más vistosos de los centros de producción del país; pruebas sobran y más en estos tiempos.

A juzgar por los resultados, parece que en la región al menos en el Projac de Rede Globo en Río de Janeiro, Brasil, lo tienen claro: quince nominaciones al Emmy Internacional y dos de las cuatro nominaciones de la edición 2016 en el rubro de mejor telenovela en la que “Verdades Secretas”, un estupendo original de Walcyr Carrasco, se alzó como la triunfadora [1].

El último gran fenómeno de exportación del género (125 países) también parte de la nación sudamericana: “Avenida Brasil” (2012), original de João Emanuel Carneiro, que en México no pasó mucho con ella.

La historia es la base piramidal de la ficción dramática y la dramaturgia el plano guía del que depende la calidad de la construcción de una producción. La historia original es el sello que habrá de distinguir esa creación sobre cualquier otra.


El edificio dramatúrgico
El melodrama es la columna vertebral de la telenovela. El triángulo esquemático de personajes protagonista-antagonista ha descansado sobre las antípodas que representan el bien y el mal, que en la dramaturgia actual se difuminan. No obstante, son el conservadurismo sexual, el darwinismo social y el elitismo racial [2] las tres materias primas (heredadas del cine mexicano de la Época de Oro) que en su tratamiento hasta ahora inalterable, evidencian el envejecimiento de este edificio.

No es el melodrama, fuente esencialmente imperecedera, el problema sino la reiteración retórica en los tótems: madre abnegada (y antes mujer virginal), virgen de Guadalupe y la figura del sacerdote católico como eje moral de los personajes.

Desde el aspecto social, el concepto de la culpa cristiana (“El derecho de nacer”) y un retorcido dejo de utopía marxista, con su rebelión del proletariado, (“El Premio Mayor”) han demostrado su anacronismo frente a la realidad del televidente actual.

Para no extenderme, obviaré cada concepto para atajar que para transformar estos anquilosados paradigmas, lo primero que tenemos que proveerles es del campo fértil. De lo contrario, seguiremos padeciendo argumentos viejos metidos con calzador en actualizaciones que requieren cosmovisiones de la audiencia presente. El resultado es un Frankestein

¿Netflix correría en una Macintosh 84?



DOS ESTILOS Y DOS RUTAS
Hagamos práctica esta deconstrucción radiografiando dos ejemplos concretos que trascendieron con éxito del corsé del estilo Cenicienta. Tanto “Cuna de Lobos” (1986) como “Mirada de mujer” (1997) por sus trabajos dramatúrgicos (como de talento y producción) y su repercusión social y de audiencia, emergen al paso del tiempo.

Cuna de lobos
El original de Carlos Olmos y moldeada por Carlos Téllez sigue, al paso de treinta años, siendo una excepción y una rareza. Emplea las convenciones del género: triángulo melodramático, la sustitución dramática del bien y el mal en las figuras protagonista-antagonista y hereda la farsa como sello de la casa, Televisa.

No obstante, presenta innovaciones sustanciales: la adición del thriller como lubricante narrativo del melodrama. Tuerce los paradigmas de tratamiento; el de la madre abnegada y buena se quebranta para autorizar al amor maternal servir de catalizador de acciones con los peores fines creando una alucinante empatía con la audiencia.

Catalina Creel, que no deja de heredar las convenciones de su rol, es tridimensional (sí, por la magistral María Rubio) y evoca semióticamente a una nueva Catrina (personaje de Posadas), a la abstracción de la muerte, pero también a una necesidad de reconocimiento social. Catalina es un feminista en estricto término y materializa por vía del estiramiento de la acción dramática todo aquello que la audiencia por convención social suele ocultar.

Otro aspecto es invertir los roles: José Carlos Larios, el protagonista masculino, aquí juega al ingenuo y al abusado llevado por la inercia de la acción de los demás: el rol tradicional impuesto a la protagonista femenina que si bien es Leonora, la historia desde el momento uno es contada por Catalina. Leonora reacciona a partir de la acción de la aupada villana de villanas. También es relevante la admirable capacidad de síntesis en los diálogos de Olmos, lo que se puede extraer asimismo en sus obras de teatro. Da para extender análisis.


Mirada de mujer
Es curioso añadir que éste título reverenciado como “lo nuevo” en su momento, era una nueva versión de la colombiana “Señora Isabel” (1993) del propio autor, Bernardo Romero Pereiro, quien se encargó él mismo y de la mano de su equipo de reconfigurarla para la producción de Argos-TV Azteca cuatro años después.

También “Mirada de mujer” respeta las reglas básicas del género: motor narrativo melodramático y claro triángulo amoroso pero rompiendo paradigmas otrora infranqueables. El primero, el matrimonio católico no es aquí el objetivo ni el fin último en la vida de los personajes; es, por el contrario, el arranque de la historia y la premisa para los principales conflictos.

El segundo quiebre efectivo de paradigma es que el antagonismo recae más en circunstancias y acciones detonadas por los personajes, incluidos los protagonistas, que en “villanos” personificados dotándoles de mayor realismo.

Otro tiene que ver con que es María Inés (Angélica Aragón), una mujer de edad madura, la protagonista y la que decide tomar sus propias decisiones y rehacer su vida con un hombre de menor edad confrontándose con lo que la sociedad conviene. Es cierto que este tratamiento ya había sido explorado poco antes en “Retrato de familia” (1995), el original de Jesús Calzada. Quizá “Mirada…” al ser una producción outsider de San Ángel y el manto de elementos con la que fue cobijada, le permitieron impactar con mayor fuerza.


La primera innovó con sus escenas fragmentadas; la segunda, con extendidas. Las dos válidas para cada cual. De ambas aprendemos que un diálogo sencillo (aún con necesidad en la reiteración narrativa) no significa un lenguaje simplista y degradante para torpes. Bien planteado cualquier televidente entiende.

¿Por qué estos dos títulos se convirtieron en la excepción a la regla y no en LA regla? ¿No es curioso que en un país que produce más de 20 telenovelas al año sólo se pueda extraer contados títulos para estos fines? Siembro otra pregunta:

¿La industria actual fomenta y dispone el escenario para generar nuevas “Cuna de Lobos” y “Mirada de Mujer”?



ROMPER PARADIGMAS: UNA NECESIDAD

¿Y qué si la mujer decide sobre su sexo? ¿Y qué si el hombre no es mujeriego? ¿Y qué si surgen personajes no católicos o ateos? (lo dice un creyente) ¿Y qué si creen en Dios? ¿Y qué si motivamos a la audiencia a sobreponerse no a un villano sino a circunstancias contrarias (como en la vida real)?

¿Y qué si los protagonistas no tienen 25 sino 55 años? A lo mejor y creamos a la nueva María Inés (“Mirada de Mujer”) o a nuestra propia “The Good Wife” (CBS, 2009-2016), ¿Y qué si la historia se cuenta a través de una pareja madura como los Underwood en “House of Cards” (Netflix 2013- )? ¿Y qué tal y si encontramos a un Bryan Cranston disponiéndole el escenario apto con un “Breaking Bad” (AMC, 2006-2011)?


¿Y qué si nuestros protagonistas requieren ser de raza negra o de rasgos indígenas? No implicaría renunciar a la eufemística belleza aspiracional como en “Celia” (Fox-TeleColombia, 2015), por no inadvertir las series (originales), efectistas pero efectivas, de Shonda Rhimes “Scandal” (ABC, 2012- ) y “How to Get Away With Murder” (ABC, 2014- ) cuyas protagonistas son las súper estrellas afroamericanas Kerry Washington y la gran Viola Davis. ¿Y qué si no son agraciados físicamente como en “Love” (Netflix, 2016)?


¿Y qué si al volver al principio, a releer sin ataduras lo esencial, resulta que renovamos también el melodrama clásico que alguna vez le otorgó a México la corona mundial? Y no sólo desde la adaptación, sino desde un original.

¿Y qué si resulta que volvemos a inspirar? ¿Y qué si resulta que la transformación de la telenovela pasa por trascender de un simple vehículo de evasión y entretenimiento a uno que también contribuya a entender nuestra complejidad humana y a superar la desvalorización de nuestra época?


Sin exploración auténtica 
no habrá renovación ni innovación, ni éxito.


¿Qué le dicen las historias de hoy a la audiencia?
Los argumentos (y sus tratamientos) de la mayoría de las últimas telenovelas, no sólo le dicen muy poco (o nada) a la audiencia sino que las hacen ver anacrónicas, inverosímiles, no facilitan la convención y socavan la credibilidad de esa producción, del género y de las cadenas que los emiten.

No hablamos únicamente de un tema de censura (o autocensura), sino de abordaje, libertad responsable, rigor y know how. El abuso y mal gusto de escenas de sexo han alejado audiencia. La subrepticia apología del crimen en muchas de las narco-novelas, genera rating fácil pero a costa de acelerar (aún más) el desgaste del género con una fórmula que a todas luces resultará efímera.

La narco-novela/serie, como en la vida real, terminará dejándole al mundo de la televisión sus muertos y sus deudas, entre ellas un creciente descrédito y su ineludible responsabilidad de rociar de alcohol con manguera de bombero el incendio social cual distopía de Ray Bradbury. ¿Televisión con valores?


El original: sí, sí… pero no
Dos hechos concretos como radiografías de la respuesta de la industria al talento e historias (realmente) nuevas:

Entre los escritores de ficción televisiva todavía se comenta “El Concurso Hispanoamericano de Guion de Telenovela con Valores” organizado por TV Azteca en el año 2004. No sólo por haber declarado desiertas las principales categorías, de entre las que destacaba un primer premio de 100 mil dólares, sino porque además de no continuarlo después de su segunda edición, tampoco se vio al aire en adelante alguna historia insignia que ejemplificara lo que no cumplieron las 580 propuestas de 13 países que participaron [3].

Para 2006, el periodista Roberto Rondero consignaba una de las declaraciones del entonces director de Estudios Azteca, Martin Luna, en las que aseguraba haber encontrado la solución a los refritos: 

“Acabamos de abrir un Centro de Formación para Escritores y lo que más nos gustaría es que los productos fueran cien por ciento mexicanos. La tendencia a largo plazo es que todos los productos que se vean en TV Azteca sean mexicanos” [4].

Luego de una producción ininterrumpida desde 1997, y en 2012 haber invertido 50 millones de dólares en nueva infraestructura para Azteca Novelas, en 2015 TV Azteca hacía pública su decisión de no continuar produciendo telenovelas tras cuantiosas pérdidas económicas acumuladas con producciones que ni siquiera alcanzaban los dos primeros dígitos de rating. Lo barato sale caro.


Por otro lado, la encomiable iniciativa de Televisa de la mano de la Universidad Iberoamericana del “Diplomado de Guionismo de Telenovela” llama la atención por mostrar un programa curricular robusto con docentes en activo pero con un pequeño gran detalle: se advierten todos los requerimientos de la industria mas no los de la audiencia. Por cierto, ninguna de las historias escritas para titulación de los egresados de sus seis generaciones, se sabe que hayan llegado al aire.

“Algunas de esas historias se han evaluado dentro de Televisa y han salido bastante bien, pero que una historia nueva vaya al aire es un proceso complicado porque a los productores les cuesta trabajo tomar algunos riesgos no porque sea de un joven alumno, sino el hecho de que sea nueva y no probada es complicado” [5]. 

Lo anterior era compartido en 2015 a El Universal por Antonio Alonso, entonces ejecutivo a cargo del Diplomado por parte de la televisora. Deseamos que ahora que es vicepresidente de producción de Televisa San Ángel desde mediados del 2016, le sea posible romper con este paradigma. 


Nota de actualización: Horas después de publicarse este trabajo, se dio a conocer el nombramiento oficial de la productora Rosy Ocampo como Vicepresidenta Corporativa de Contenidos de Televisa, cargo que al parecer sustituye a la VP de Producción de la compañía [6].


¿CÓMO REMONTAMOS?
Empecemos por reivindicar al escritor
Reconozcamos con coherencia el valor del TALENTO y la CREACIÓN artística. Otra vez, en una industria de naturaleza creativa. Con ello, una re concepción del papel del escritor. Esto resulta no sólo fundamental sino (re) fundacional.

La dramaturgia televisiva moderna requiere creativos con talento, personalidad, alta capacitación y, preciso decirlo, sensibles a la dinámica de producción. Talento humano que añada valor al volumen, que no sólo lo configure sino lo distinga. El volumen no debe devorar el valor hasta la nimiedad.

Se trata de producir, si se quiere ver así, valores intangibles a través de bienes intangibles. Humanos que comparten valores humanos y experiencia emocional.

("Cadenas de Amargura" [1991], el estupendo original de Peña-Blanco)

Los resultados se evidencian en la pantalla:

¿Es sintomático que en algunas telenovelas recientes sus productores consideraran que su extendida trayectoria les acreditaba en automático a adjudicarse el crédito de escritores


¿Hasta dónde la telenovela y dónde la serie?
La serie tipo anglosajona es un formato que sin duda los latinoamericanos no sólo tenemos (y ya lo hacemos) que abordar sino que adoptar. En ésta última palabra está la clave de porqué muchas series mexicanas no terminan de cuajar. Carecen de identidad. No son ni telenovelas ni series y eso se revela frente al público porque la distancia e indefinición crean ruido comunicativo.

Si algo no admite el melodrama en el caso de la telenovela, es la despersonalización y la distancia narrativa. De ahí la importancia del perfil del escritor y de la capacidad creativa de su productor.

Desde el punto de vista personal de éste autor, el indicador y guía es precisamente el melodrama. A menor necesidad de él como motor de la historia, más factible es inclinarnos por la serie. Otros factores: los personajes, el arco dramático potencial, los valores de producción disponibles, la audiencia y el tema.



CONCLUSIÓN TERCERA PARTE

No es el acento en el escritor una postura intransigente para sobreponerla a las demás áreas de un proceso de carácter colectivo. Me baso en el irrefutable hecho de que del escritor depende el inicio del eslabón de la cadena. Sin creación no hay historia. ¿Que sea buena? Eso es lo que todos esperamos. La industria tiene que generar las condiciones para hacer que suceda y con urgencia.

A la primera generación la captaron fogueada. ¿Dónde están los nuevos Marissa Garrido, María Zarattini y Jesús Calzada? Algunos de los guionistas mexicanos más destacados de segunda y tercera generación. ¿Las nuevas duplas como María del Carmen Peña-José Cuautémoc Blanco? Dónde están ellos mismos que viven y es ahora cuando más se requiere de su expertise al aire. ¿Dónde están los nuevos Carlos Olmos que habrán de aportar el pulso de lo que buscan en pantalla sus contemporáneos, las nuevas audiencias?

¿Preferimos a una dupla como la de Carlos Quintanilla-Adriana Pelusi constreñida a una franquicia extranjera y efímera como “Rosario Tijeras” (2016) o con un título como “Sin Rastro de Ti” (2016) que, aún con resultados sobrios, ha transpirado mayor libertad y transmitido transición? Trabajos como éstos podrían ser el paso para estimular la generación de un próximo súper éxito y, quizá, una nueva franquicia propia. Una que aporte contenido de valor.


¿Escribientes o escritores?
¿Qué busca la industria? ¿Obreros, técnicos autómatas o creativos profesionales de primer nivel? De esta definición depende el rumbo de la ficción audiovisual en México, no sólo de la telenovela.

La industria requiere una renovación de fondo, sobre todo en la calidad de su dramaturgia como fundamento clave. La disposición a privilegiar la historia original no sólo debe ser una convicción práctica para dotar de valor único (acaso artístico) a cada título sino estratégica para abreviar el rezago que el país muestra respecto al mercado mundial actual y que socava su liderazgo.


Pero la historia y su dramaturgia es sólo la base primordial que requiere de un entorno y fuerza creativa para hacerla posible: la producción. El tema de la próxima entrega.


REFERENCIAS:
1. http://www.thedailytelevision.com/articulo/contenidos/telenovelas/iverdades-secretasi-de-globo-emmy-internacional-la-mejor-telenovela
2. Fernández, Claudia y Paxman, Andrew, El Tigre Azcárraga y su imperio Televisa, Grijalbo, México, 2000.
5. http://archivo.eluniversal.com.mx/espectaculos/2015/impreso/televisa-beca-guionistas-luego-archiva-sus-novelas-138497.html
6. http://www.televisa.com/sala-de-prensa/corporativo/1000125/rosy-ocampo-designada-vicepresidenta-corporativa-contenido-televisa/